Las
95 tesis de Martín Lutero
(http://www.wittenberg.de/es/seiten/95thesen.html
- 1/28/02)
Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a
luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la
presidencia del R. P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y
Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón,
ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros,
lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor
Jesucristo. Amén
1.
Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: "Haced
penitencia...", ha querido que toda la vida de los creyentes fuera
penitencia.
2.
Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es
decir, de aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra
por el ministerio de los sacerdotes.
3.
Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes
bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones
de la carne.
5.
El Papa no quiere ni puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él ha
impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones.
6.
El Papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido
remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado.
Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.
16.
Al parecer, el infierno, el purgatorio y el cielo difieren entre sí como la
desesperación, la cuasi desesperación y al seguridad de la salvación.
21.
En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que
el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las
indulgencias del Papa.
27.
Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la
moneda que se echa en la caja, el alma sale volando.
32.
Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar
seguros de su salvación mediante una carta de indulgencias.
40.
La verdadera contrición busca y ama las penas, pero la profusión de las
indulgencias relaja y hace que las penas sean odiadas; por lo menos, da ocasión
para ello.
41.
Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela para que el pueblo no
crea equivocadamente que deban ser preferidas a las demás buenas obras de
caridad.
43.
Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al
indigente, realiza una obra mayor que si comprase indulgencias.
45.
Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle
atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no
son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios.
50.
Debe enseñarse a los cristianos que si el Papa conociera las exacciones de los
predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se
redujese a cenizas antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de
sus ovejas.
51.
Debe enseñarse a los cristianos que el Papa estaría dispuesto, como es su deber,
a dar de su peculio a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de
indulgencias sonsacaron el dinero aun cuando para ello tuviera que vender la
basílica de San Pedro, si fuera menester.
62.
El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de
la gracia de Dios.
63.
Empero este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros
sean postreros.
64.
En cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque
hace que los postreros sean primeros.
80.
Tendrán que rendir cuenta los obispos, curas y teólogos, al permitir que
charlas tales se propongan al pueblo.
81.
Esta arbitraria predicación de indulgencias hace que ni siquiera, aun para
personas cultas, resulte fácil salvar el respeto que se debe al Papa, frente a
las calumnias o preguntas indudablemente sutiles de los laicos.
86.
Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de
los más opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su
propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?
90.
Reprimir estos sagaces argumentos de los laicos sólo por la fuerza, sin
desvirtuarlos con razones, significa exponer a la Iglesia y al Papa a la burla
de sus enemigos y contribuir a la desdicha de los cristianos.
94.
Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su
cabeza, a través de penas, muertes e infierno.
95.
Y a confiar en que entrarán al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que
por la ilusoria seguridad de paz.
(Wittenberg, 31 de octubre de 1517)